Torre del Conde o de Los Peraza

Levantada por Hernán Peraza el Viejo, primer señor, en torno a 1450. Tuvo un coste, junto con la conquista de la Isla, de 10.000 doblas, tal y como consta en las declaraciones de Juan Iñiguez de Atabe en la Pesquisa de Cabitos.

Durante mucho tiempo se pensó que en esta primera época estaría rodeada de una empalizada o cerca, contando además con un patio de armas y algunas edificaciones complementarias en el interior del recinto. Sin embargo, los trabajos de sondeos efectuados con tal fin no dieron el resultado esperado.

La fortificación, edificada, como hemos visto, en época de conquista, fue concebida más para la defensa frente a posibles ataques de los aborígenes que para defenderse de incursiones del exterior, como lo demuestra su emplazamiento en el centro de la desembocadura del valle, que facilitaba la localización de cualquier ataque por sorpresa, estando sin embargo más expuesta a cualquier penetración por mar, por lo demás bastanet esporádica en el momento de su fábrica que en siglos posteriores. En 1488 hubo ocasión de comprobar su funcionalidad, al salvar Dña. Beatriz de Bobadilla y a sus hijos de los sublevados. En cuanto a la custodia de tesoros provenientes de América, se ha demostrado su inviabilidad al emplearse otra ruta para el regreso de Indias.

Las nuevas tácticas castrenses que la edad moderna trajo consigo harán bastante inoperante a la fortaleza, mas en consonancia con los antiguos procedimientos medievales. La indefensión del puerto de San Sebastián se evidencia con invasión de los hugonotes franceses en 1571. La situación en la que queda la Torre hace necesaria su restauración, fundamentalmente en el interior. El rey Felipe II aprueba la obra y además comparte los gastos: Que la mitad de los tres mil ducados que se hacía cuenta costaría seria de la del Real Erario, y la otra del Conde de la isla. Los mil quinientos ducados de la Corona se obtendrían gracias a la licencia concedida al Conde para enviar a Nueva España desde estos reinos o del de Portugal, Cabo Verde o Guinea cien esclavos negros, la tercera parte hembras, sin pagar otro derecho que los del nuevo almojarifazgo de Sevilla. Las obras trazadas por el ingeniero militar, Jacome Pelearo Fratín, consistían en la adición de un cubo en torno al viejo edificio para instalar la artillería que ya había sido enviada. La causa del interés regio no se justificaba simplemente por el peligro a que estaba expuesta aquella tierra de ser saqueada de navíos luteranos que acudían allí de ordinario, sino para darle seguridad a un puerto escala habitual de las naves que se dirigían a Indias.

El rey había dispuesto que fuera D. Juan de Leyva, gobernador de Tenerife y La Palma, el comisionado para colocar la primera piedra pero no fue éste sino su sucesor quien se encargó de su menester.

Algunos años después, el mismo monarca envía a un ingeniero militar Leonardo Torriani que inspeccionara y estudiara las posibilidades de la defensa de las islas. Este se percata de la inutilidad de la fortaleza y plantea como única solución circundarla con una muralla cuyas esquinas tuvieran forma de punta de diamante. En su lugar decide fortificar la montaña del Buen Paso, pues con su costo menor se conseguía la seguridad del puerto.

En junio de 1634 llegó a Canarias el Comandante general de las islas D. Iñigo de Brizuelas. El pésimo estado en que se encontró a las islas le hace decidir la inmediata realización de un estudio. Consecuencia de ello fue la elaboración de un informe que envía al rey Felipe IV con el estado de la cuestión, enumerando las soluciones más prácticas, en cuanto a defensa y fortificación se refiere.

La mayor precariedad se encuentra en las islas de Lanzarote y La Gomera, reconociendo de esta última, la calidad de su puerto (… por la grandeza y seguridad de su puerto, por su capacidad y por ser el mejor que hay en todas estas islas), y rechazando el proyecto de Torriani. De modo que considera mejor centrar la defensa en la Torre, colocándole una serie de construcciones complementarias para que no sólo fuera un elemento ofensivo sino también defensivo, a la vez que refugio (...a defender la marina, los enfermos gente inútil).

Las nuevas obras de reforzamiento eran ingentes .Consistían en encerrar la Torre dentro de otra fortaleza (adjuntándola al muro de noreste), igualmente cuadrilonga y con puntas de diamante en cada una de las cuatro esquinas; un ancho foso rodearía el conjunto que se salvaba por medio de un puente y una puerta levadiza. Tan sólo en el lado sur se mantendrían una doble muralla–terraza, comunicadas por escaleras; al centro de la exterior se situaba una barbacana. El subsuelo era reconocido por una serie de pasillos que figuraban en el proyecto como entradas encubiertas.

En sentido casi perpendicular, entre la fortaleza y la playa, discurría un nuevo baluarte, dibujado en zigzag, que denominaron avraços.

La defensa se reforzaba con tres trincheras, dispuestas entre la Torre y la batería de la punta de los Canarios, al terminar el arenal de la playa.

Un plano que se levantó poco después de mediados del siglo XVIII con todas las fortificaciones de la Villa da idea de cómo quedó la Torre después del ataque de Windhan. El informe señala Torreón antiguo, destruido su interior,... estado en el que permanece… hasta que por iniciativa, un poco oficiosa, del comandante general Márquez de Toboloso, D. Francisco del Castillo Santalices, administrador de Adeje, decidió reparar la construcción. Las obras se inician en esta ocasión el 12 de diciembre de 1776.

El siglo XIX se inaugura para la Torre con unos arreglos que estarán dirigidos y costeados por el Capitán de Milicias provinciales de la Isla, D. Ramón de Echevarría.

Paliada la situación momentáneamente, el monarca ordenó un estudio de las propuestas efectuadas por el teniente coronel D. Diego de Tolosa y acordada por la Junta Provincial de Fortificaciones de Canarias. El interés que se toma el soberano por el tema lo certifica la exigencia de un informe mensual de la marcha de los acontecimientos, encargado al ingeniero general.

Como las fortalezas estaban a cargo del señor de la Isla ...habrá que apurarse este extremo obligándole a que en esta parte cumpla con tan importante obligación, dejando satisfecha la Junta (de Fortificaciones) a menos que algún inconveniente insuperable que deberá exponer luego, se lo impida. El resultado es que en nueve años la labor se limita a encalar el exterior e interior, a remodelar la sala baja y cubrir la azotea.

El estado del edificio a finales del 1837 era el siguiente: la Torre se encontraba en un solar de forma triangular, dos de cuyos lados eran Barranqueras y el lindero del camino vecinal que discurre junto a ella, ocupando el tercer flanco lo que en el plano de situaciones se denomina solamente como Terrenos que dan a la playa. Todo el perímetro estaba cercado por un muro de piedras secas con una sola entrada, ubicada junto al camino.

La escalera que comunicaba la planta baja con la segunda, representaba la única variante en el exterior. Realizada en cantería, poseía un ancho de tres cuartas con ocho escalones, seguidos por una meseta quebrantada en dos descansillos que se encargaba de hacer girar la dirección de la misma para continuar con seis escalones más hasta alcanzar el rellano de la segunda planta. Esta nueva pieza recibirá el nombre de puente al ser sólo un estrecho corredor de madera de tea que, delimitado por una baranda del mismo material, apenas tenía el ancho de dos personas.

Las alteraciones de la antigua sala de armas residen en la disposición de los batientes del portalón, dos hojas de riga, el cubrimiento del suelo con madera y la colocación de un techo raso. La escalera de comunicación interior había desaparecido.

A la tercera planta (la segunda no se modifica) se accedía por un escotillón. Esta zona servía como depósito de pólvora, de ahí el tapiado con cal de la aspillera del lado norte. A fin de evitar que se introduzcan chispas de fuego, cuando se quema la leña vieja de las palmeras inmediatas. La salida a la azotea consistía en… “un mirador de tabique de mampostería”, en cuyo flanco norte se abría una ventana alargada e inmediatamente la puerta, de forma cuadrangular.

En 1850 el deterioro, a pesar de las obras efectuadas en 1836, era manifiesto: el sollado de la planta baja había desaparecido, el mortero de la azotea se había descarnado produciendo grietas en el pavimento que ocasionarán filtraciones, degradándose así las maderas y paredes del interior. Por eso, el Comandante General de la Isla, D. Francisco de Paula, centrará la atención, en el plan de reparaciones propuesto, en cuatro puntos: Colocación de una nueva capa de hormigón en la azotea, coger bien las junturas de las paredes en este mismo cubrimiento, encalar el interior y componer la escalera exterior.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, la Torre pasará al ramo de la Guerra. Los terrenos van a servir para albergar a la tropa asignada a la Isla. Cumplido su cometido es alquilada a particulares, con un paréntesis durante la Guerra Mundial y postguerra hasta que, reconocida su importancia histórica, se adjudica al Cabildo quien inicia su recuperación como edificio colombino.

De estilo gótico, la fortaleza está emparentada con algunas construcciones militares peninsulares, especialmente al norte. Esta afinidad resulta muy clara sobre todo con la Torre del Merino en Santillanan del Mar, Santander. La estructura lígnea es idéntica y, en el exterior, a pesar de las múltiples alteraciones sufridas por ambas, coinciden en muchos aspectos.”

Información extraida de Alberto Darias Príncipe (1992), La Gomera: espacio, tiempo y forma, Edt. Ferry Gomera S.A, La Gomera.

¿Dónde se encuentra?

Parque Torre del Conde, s/n
38800 San Sebastián de La Gomera

Horarios

Lunes a Viernes: 10 a 18 h.
(Sujeto a las modificaciones necesarias del servicio)

El centro permanecerá cerrado los días festivos locales y nacionales.